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Los trenes llegaron hasta la cantera El Cerro y nunca se acercaron al Anisacate pero los empleados ferroviarios tuvieron su ciudadela casi en la entrada de La Paisanita con una vertiente alimentando la piscina y aquella magnífica atalaya desde donde todavía se pueden observar las aguas del río descarrilándose entre las piedras azuladas de su curso.
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A Gracia 11/2/59
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Angélica
saludos cariñosos para
vos y Bernardo. Regresamos el
domingo 22 a las 13 horas.
Saludos a Nely.
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Tus padres
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Las tardes de aquellos ferrocarrileros, deben haberse rubricado de senderos que ocultaban la sorpresa de una víbora, el sabor de los duraznos salvajes y el enigma de un rancho abandonado. Recuerdos envueltos en manojos de peperina al fondo de una valija, junto a la caja de alfajores y alguna piedrita con mica, aguardando el retorno en la estación de trenes de Alta Gracia.
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