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Las aguas comienzan a poblarse con los peces ocres del otoño que carolinos, plátanos y álamos van liberando desde la ribera.
Algunos turistas de marzo emprenden los últimos preparativos para que sus casas hibernen con los postigos cerrados.
El caudal se ralentiza, refracta la luz dorada y convoca el zumbido celeste de las libélulas agonizantes...
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En silencio, el Anisacate se toma vacaciones, marcha en busca de sus hermanos fluviales que jamás conocerán el esplendor del océano pero que sin embargo se derramarán en el asombro salado del mediterráneo Mar de Ansenuza, donde serán coronados con las plumas de los flamencos…
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El sol caerá sobre el horizonte de la gran laguna del norte cordobés, y volverá a emerger para que el próximo verano, las aguas regresen a Paravachasca, la tierra donde nacen las tormentas…
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