VISITAS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/30/2011 12:00:00 a. m.

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En el pasado, la cortesía edificó arcos que sustentaron amistades profundas y sólidas… 

 

Mártes, Octubre 30 1924 
Muy querido amigo: 
Al llegar el Domingo de entrada y sin dejarme 
respirar, me llevaron buenos amigos en 
excursión de automóbil, lo que me impidió en 
cumplir la visita a la Sra de Casaravilla
la que efectué ayer, siendo recibido muy amablemente 
habiendo observado la enferma en excelentes 
condiciones de salud, bien en aspecto 
general, muy animada y una vista clara indicios 
del beneficio de estas sierras. 
Mis sinceros recuerdos a su Señora, la Sra de Coll 
su hija Manuela, Elina. Recibe un cariñoso 
abrazo de su afectísimo, 
E. Mardesky 
 

En el pasado, las amistades tampoco renunciaron a la aventura... por una visita de cortesía.

INUSUAL

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/23/2011 12:00:00 a. m.

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Mi nombre es Walter, Walter Hugo Villarreal y no he nacido bajo circunstancias inusuales como Benjamin Button… 


Sin embargo, en aquel sanatorio y a la misma hora, un amigo de mi padre debía recibir a una hija que nunca alcanzó a llorar. La tristeza de uno y la alegría del otro decidieron destinos impares que nunca habré de comprender…
 
 
Cuarenta y cinco años después, mi corazón serrano sigue estremeciéndose junto a los sauzales del Tajamar, continua sufriendo por la belleza desvanecida bajo la arrogancia de quienes creen que progresar es olvidar, persiste en descubrir los pliegues que la nostalgia ha dispuesto para quienes habitamos Alta Gracia desde Altaria y late al compás de una soledad recientemente inaugurada…

TERNURA

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/16/2011 12:18:00 p. m.

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 Sierras Hotel y Casino - Alta Gracia, F.C.C.A.

Si el fasto de Villa Carlos Pellegrini, se encargó de ocultar la tisis que un un escritor como Marcelo Peyret supo desenmascarar en su novela Alta Gracia, a unos kilómetros, en el Valle de Punilla, un escenario más modesto para el dolor enviaba sus postales de esperanza...
 
Cosquín (Sierras de Córdoba) Solarium del Sanatorio nacional.


Cosquín 8 de mayo de 1929

Recibe un abrazo 
de tu hermano
que te quiere 
y pórtate bien
con tu mamita
MANOLO

besitos del nene y Saludos de Jorge

Y si Altaria tuvo quien rescatara del olvido las penas de los menos pudientes, mientras en el Sierras Hotel se jugaba a interpretar "La Máscara de la Muerte Roja" de Poe, desde Cosquín, otro viajero del tiempo dedicó sus palabras a rescatar la soledad del pasado:
 
Sierras de Córdoba. Panorama de Cosquín.

Doña Parmenia: 
Se acuerda que le dije que mi hermana Leti llegaba en el tren de las cinco y Ud. me contestó que parecía que nos hubiéramos puesto de acuerdo porque había terminado de limpiar toda la pensión como si estuviera esperando visita. 

Ud. tenía razón, me pasé casi todo el invierno encerrada, después de volver del trabajo no salía, tejía toda la tarde y escuchaba radio. Tengo todo lo que le tejí a Leti guardado en unas cajas con ramitas de lavanda, estoy segura que a ella le van a gustar mucho los puntos que le hago. A fin de año se recibe de maestra y quiero que se venga a vivir conmigo.
 
Cosquín (Sierras de Córdoba). Calle Paraná con la Escuela Fiscal

Debe estar más alta, a lo mejor se le dio por teñirse de castaño claro o rubio como Ella, va a llegar en el tren de las cinco y seguro que me va a traer un traje a lo “Dibito” ,  zapatos pulsera rojos con plataformas, un perfume y la redecilla para el pelo, que acá no la pude encontrar, me voy a poder hacer ese peinado que usa Ella, con el rodete recogido en la red. Debe estar más rellenita, cuando vino hace dos años casi no quería comer, le tuve que comprar plato y cubiertos nuevos y también taza porque extrañaba las de allá, no me lo dijo pero yo me di cuenta. Eso la animó un poco y empezó a comer algo más, tomaba sol a la siesta, quería tener abierta todo el tiempo la pieza para que se ventilara, leía y caminaba mucho pasando el cementerio porque juntaba tomillo y ahí crece grandecito, pero lo que más le gustaba era la peperina y los hongos, y las piedras. Me esperaba con la comida lista, esas vacaciones de julio fueron tan lindas. Siempre me escribe y me manda las revistas que me gustan. Va a venir en el tren de las cinco y seguro que se va a bajar por el vagón de cola y va a saludar como Ella y cuando la vea me va parecer que me tira plata y regalos igual que Ella. Si hasta me compre el “Primo” porque Leti no sabía prender el carbón y le tenía que pedir a Ud. que la ayudara, al “Primo” hay ponerle alcohol con una alcucita y después darle bomba, la comida se hace enseguidita, cuando lo prendamos de noche le voy a decir que apaguemos la luz para ver como se hace la comida con la llamita celeste mientras escuchamos algún tango en la radio. Cuando la vea aparecer del tren le voy a decir “Señorita Maestra” porque ya casi está recibida, le faltan cuatro meses. 

 Sanatorio Nacional Bialet Massé F.C.C.N.A.

Le dije que cuando pase por los hospitales no mire, se ven caras tristes, yo las vi durante casi siete años, extrañaba a mi familia, las chicas, el barrio. Leti siempre fue sana como yo hasta que me enfermé. El día que subí al tren sanitario para venirme a las sierras Leti se quería subir, quería acostarse en el camarote, me quería abrazar, darme un beso, yo también, pero no la dejamos, se quedó llorando al lado de mamá y diciéndome chau con la mano. Le compré a Leti dos chiquizuelas de diez centavos, son bien gruesas, que las cocine como ella quiera, para mí es lo mismo, le gustaba ir al mercado, se entretenía viendo como algunos caracoles se escapan del canasto de la pescadería, qué asco, no sé cómo pueden comer esos pobres bichos, pensar que una vez por semana en la casa de la Señora Rufina, donde voy a coser, los purgan con aserrín y los cocinan vivos, parecen esos esputos que teníamos que juntar en las cajitas de vidrio para hacer el cultivo. Leti se hizo amiga de don Figueroa, el carnicero, pero me parece que tenía simpatía con Ivito, el hermano más chico del carnicero, tiene bigotitos como caminito de hormigas, es flaquito, alto y muy derechito, tiene una cola levantada como un pan casero. Leti le pedía que le prestara la bicicleta del reparto y se iba hasta el puente carretero a juntar berro porque mamá le dijo que tiene mucho hierro y nos hace bien, sobre todo a mí. Ya debe estar por Córdoba, va a llegar cansada, se trae las sábanas y las colchas y también las toallas, el fuentoncito para lavarse la ropa, los jabones, la plancha. Planchaba todo, hasta las medias, es tan ordenada. Hoy me iba a perder la novela, pero valía la pena, las de acá no son como las de Buenos aires, antes de venirme escuchaba “Mujeres en la Historia”, Ella trabajaba ahí, me parecía verla cuando hizo de María Antonieta y la llevaban por los campos de Normandía para cortarle la cabeza. Ahora no hace más novelas, viaja en tren y a Ud. le regaló la máquina de coser, la Señora Rufina dice que preferiría morirse de hambre antes que pedirle una máquina a esa cualquiera, hija de madre soltera. Ella en la novela sufre tanto y yo la quiero porque sabe lo que es el dolor. A lo mejor Leti trae los zapatos con plataformas color suela que hacen juego con la cartera alargadita, me gustaría que viniéramos caminando despacito para la pensión, para que la vieran, pero si trae ese sobre alargadito como el que Ella tiene en la foto del diario cuando fue a la Casa Cuna, va a llamar mucho la atención, vaya a saber que piensan. Todavía no le devolví a la Señora Rufina la camita que me prestó porque Leti me prometió que volvería ese verano, pero pasaron dos años y recién ahora viene. Vendrá mirando los modelos de los Para Ti que me trae, deben ser como veinte, me dijo que no me los mandaba por encomienda porque quería contarme personalmente lo de los colores, se usa mucho el rojo, y el obispo. En el hospital Estefanía siempre andaba con un pañuelo rojo a mano, por los vómitos de sangre, pobrecita. Leti tiembla y se desvanece cuando ve sangre, aquella tardesita que salimos y pasamos frente al matadero, justo a la hora en que estaban trabajando los de la municipalidad, Leti vio como unos enfermos del Sanatorio Laeme se tomaban un vaso de sangre caliente para curarse más rápido. No dijo palabra y se descompuso tan feo. Los malvones, la corona de Cristo y las alegrías del hogar de la pensión están casi sin hojas, pero las plantitas que hice y tengo acá en la pieza no se van a helar, cuando florecen todos son rojos. La Señora Rufina siempre revisa las plantas para ver si encuentra alguna expectoración mía, yo no tengo más expectoración, de tanto inyectarme aire en las pleuras los médicos me dieron de alta. La Señora Rufina se cree que yo no sé que el marido se enfermó y por eso se tuvieron que venir de la capital. 

Querida Doña Parmenia, la verdad es que hace dos días que estoy encerrada en la pieza llorando por lo que pasó, discúlpeme por no contestarle las veces que vino a preguntar que había pasado. No tengo nada de hambre, no sé que pensar, a Ud. le hubiera pasado igual, no lo puedo creer, el día que llegaba Leti me fui a esperarla a la estación a las cuatro, por si el tren se adelantaba, me había hecho los rulos con las prensitas calientes, me puse el trajecito de Principe de Gales que la Señora Rufina me dijo como entrar, la blusa que también me habían dado en la parroquia, las medias con raya que por suerte las tengo sin ningún enganche, los zapatos con taquito y la cartera negra que traje cuando me vine a internar, estaba tan contenta, me puse un poquito de lápiz de labio en los cachetes y cuando me miré en los vidrios de la oficina del jefe de la estación, tenía la cara más rellenita y me dieron ganas de reírme y saltar porque Leti me encontraría más gordita y vendiendo salud.
Puente sobre Río COSQUÍN

Esperé tres horas, se levantó viento con tierra, me entraba en los ojos, se me desarmaron los rulos y yo sentadita en el banco verde, temblando porque pensé cosas terribles, al final el humo de la locomotora aparece por el alto, el corazón se me escapa de la boca del estómago, me paro de un salto al borde del andén, el tren para, miro y miro, empiezo a caminar por el andén, viendo por las ventanillas de los vagones, para encontrar a Leti, a lo mejor se haya quedado dormida o está en el baño, o hablando con alguien que le pregunta por algún pueblo, pero nada, justo cuando tocan la campana y la locomotora empieza a andar un guarda que está por subir al tren me ve y se me acerca y me entrega el sobre con la carta que Leti le ha dado para mí cuando se bajó en la estación de Córdoba, la abro, la leo y me quedo quieta y las lágrimas se me caen y quiero no saber que Leti no volverá nunca más a visitarme ni a vivir conmigo, que durante el tiempo que no vino, no se animó a besar a nuestros padres, que se sacó varias radiografías en el Rawson, que regaló toda la ropa que trajo cuando me visitó y que hizo lo mismo con las cositas que yo le había tejido cuando estuvo acá y que se llevó. Leti me pide que la perdone, que es más fuerte que ella, me desea mucha suerte, que por un tiempo no le escriba y que cuando ella lo haga, no le conteste, que no gaste porque casi todas las cartas que mandé quedaron muy maltrechas y casi no se podían leer cuando las metían en el horno para desinfectarlas. Ahora paro de llorar porque al contarle esto me siento más desahogada, no me venga a ver, yo se que Ud. siempre se ha acordado de mí, Ud. es de acá y sabe como son estas cosas. Cuando esté más animada la voy a ir a ver, ahora no puedo, no puedo salir de mi pieza, miro las revistas que Leti me mandó y la veo, cabello rubio, el rodete, el sombrerito negro, los ojos, el lápiz de labios… Ella nunca se portaría así conmigo ni con nadie. 

En memoria del escritor Raúl A. Ontivero, 
autor de este relato titulado ELLA 
y compañero de viajes en el tiempo de Altariano


ONÍRICO

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/09/2011 12:00:00 a. m.

6

En mis sueños, Altaria emerge como un rompecabezas de recuerdos propios y ajenos que se ensamblan de manera arbitraria para proponer un paisajer urbano completamente diferente al real.

Las calles suelen retorcerse de una manera más leal a la topografía serrana, mientras que los edificios se expanden con el misterio y fastuosidad de alguna ciudad literaria. Sus habitantes, muchos más cosmopolitas, pasean con prendas del S XIX alternando con celebridades históricas del arte, la ciencia y la política. Todo se vuelve desmesurado y hasta el tajamar, enarena sus costas y me regala un puerto, para que al norte las olas desdibujen con su horizonte, el anclaje mediterráneo de Alta Gracia. 
 
 El Monumento


Alta Gracia 5/1/52 
Francisco Rizzo 
Sarmiento 428 
Alta Gracia 
Córdoba 
Querida mama: De estas 
hermosas playas le envío 
un fuerte abrazo y deceo que
te encuentres bien 
Quito 

Quiero pensar que esta postal, fue enviada desde la onírica costa marina de Altaria.

MODERNO

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/02/2011 12:00:00 a. m.

4

Sábado 4 de diciembre de 1954 
 
La ciudad se encuentra alborotada, en las puertas de esa mole de ladrillos surgida de las ruinas del Hotel Suizo, el progreso desata la cinta de la imaginación e inaugura una gran ventana a la dicha. 1800 butacas para disfrutar de paisajes distantes, humedecerse los ojos, retorcerse de risa, dejarse llevar por la música y las interpretaciones de la belleza, copiar peinados y atuendos, envidiar besos ajenos, asustarse, conmoverse y dejarse llevar por un simulacro de luces y sombras, entre caramelos de menta y confites de maní con chocolate… 
 
Crónicas de un altariano 



Con la apertura del Monumental Sierras, el cine se quedó a vivir en Alta Gracia por muchos años. Nos acostumbramos a su desproporcionado volúmen sobre el horizonte ondulado de casas bajas, se mimetizó en las postales:
 
 

 
Pero un día, allá por 1998, el Titánic se atrevió a naufragar en su pantalla y con el transatántico se hundieron las sombras de Marilyn, de Liz, de John, de James, de Niní, de Cantinflas, de Sarita…