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PRÓLOGO

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 5/29/2018 12:00:00 a. m.

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De Altaria, apenas se conservan la fragilidad de unas cuartillas sueltas, crónicas manuscritas en bitácoras, imágenes seccionadas impresas sobre rectángulos de celulosa a punto de desintegrarse, dispersos objetos y fetiches en las pocas colecciones de curiosidades y nostalgia que conservan algunos privilegiados.

Prohibidos los viajes en el tiempo, extraviados los archivos de un pasado que hoy nos resulta inasible, se hace difícil para los custodios del RUMA (Repositorio Universal de Memorias Antiguas), precisar cuál fue su localización exacta tras los cataclismos ambientales que alteraron el planeta en los últimos dos milenios. 

En un fanal presurizado, diez fragmentos postales, representaciones bidimensionales del entorno, no ayudan demasiado a recomponer la pretérita realidad de un paisaje desaparecido: oquedades geométricas señalando sombras protectoras, manchas fractales de vegetación y topografía, primitivos medios de locomoción, hábitats artificiales en la desolación de alguna serranía, senderos de acero y madera, pórticos rotulados con una caligrafía de neón, ídolos pétreos de religiones extinguidas…


Legado al futuro un rompecabezas de escombros y artefactos, resulta prodigioso que la civilización haya sobrevivido a la batalla entre la codicia y la naturaleza.

Asumiendo que toda leyenda parte de algún hecho histórico, es probable que alguna vez, recostada sobre el piedemonte de una región mediterránea, se erigiera una ciudad amada y odiada por habitantes y viajeros, es posible que los inmensos vacíos que hoy alimentan los mapas de la duda, alguna vez sean completados con la añoranza colectiva.

TEORÍAS

Posted by Walterio | Posted in , , , , , | Posted on 12/16/2012 12:00:00 a. m.

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“Una de las edificaciones emblemáticas que identifican a Alta Gracia es la torre de su Reloj Público, una construcción de casi cuarenta metros de altura que impone su presencia en el mismo centro de la ciudad, a la vera del jesuítico Tajamar.

A nivel de la calle, una puerta de doble hoja permite el acceso al edificio, en cuyo interior funciona una breve dependencia municipal destinada a ofrecer información turística a los cientos de paseantes que diariamente visitan la ciudad.

En lo alto de la torre, una vieja pero cuidada máquina de contar tiempo se anuncia indefectiblemente cada media hora con metálicas campanadas que en las alturas echan a volar a las inquilinas palomas y en la calle apuran el paso de los demorados.

Una calurosa mañana de febrero, las informantes turísticas abandonan alborotadas sus puestos de trabajo, pues en uno de los rincones del escueto recinto una extraña voluta de humo blanco se eleva lentamente a partir de una hendija abierta en el piso, próxima a la pared.

Ya en la calle, las sorprendidas mujeres comentan la rareza con un inspector de tránsito apostado en esa esquina y un puñado de ocasionales peatones.

“¿Están seguras?”, pregunta incrédulo el inspector desde su refulgente chaleco anaranjado. “Debe ser un pucho mal apagado”, asegura con tono petulante un tipo con pinta de saberlo todo. “Imposible, señor. Por tratarse de una dependencia pública, adentro está prohibido fumar”, puntualiza una de las empleadas.
 
 
Acuciados por el relato de las mujeres, un grupo de curiosos ingresa al edificio para comprobar el suceso con ojos propios. Uno de los hombres, el más joven y audaz de ellos, se acuclilla en el referido rincón y acerca su nariz a la fumarola, en un intento por identificar el origen del fenómeno. Sin embargo, no es el olfato el que le da una señal, sino su oído. “¡Escuchen!”, susurra el joven con un dedo en alto que solicita atención. Todos hacen silencio y sigilosamente avanzan a la vez -uno, dos, tres pasos; como si el grupo fuera una única entidad-, para poder oír un leve siseo que proviene del mismo resquicio a través del cual se desprende el vapor.

Afuera una sirena ensordecedora llega y se estaciona en la esquina, trayendo consigo un camión del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, el cual ha acudido urgente al nervioso llamado de una de las empleadas.

Hacha en mano, un ágil bombero ingresa al edificio para realizar una inspección y allí se encuentra con el grupo de hombres agachados en una de las esquinas del local. Éstos intentan explicarle lo que han descubierto, pero en ese instante una repentina vibración comienza a sacudir el suelo. Asustados, todos desalojan el lugar de inmediato.

En la calle la gente siente que la tierra tiembla bajo sus pies. Gritos de pánico comienzan a volar por los aires. Desconcertadas, algunas personas huyen de aquel sitio en busca de algún lugar seguro; mientras otras, paralizadas por el miedo, trastabillan como borrachos desequilibrados.

Aquella ligera espiral de humo que había aparecido en un rincón del Reloj Público se ha convertido ahora en una columna de vapor caliente que inunda el salón y que también aflora en el exterior del edificio, asomando por debajo de las escaleras de acceso y expandiéndose como una nube rastrera.

Los alaridos de horror se renuevan. El temblor se intensifica y trae consigo un ruido sordo que trepa por las piernas, avisando que abajo, algo se desgarra.

Un violento sacudón estremece la tierra y los cuerpos de los despavoridos ruedan por el suelo. Desde las alturas caen columnas de alumbrado público y trozos de mampostería que se desprenden de las fachadas y de los balcones.

En medio de esa confusión, el viejo y enorme reloj lanza la primera de las diez campanadas que compondrán su cuenta regresiva. Nueve. Ocho. Y la torre que lo alberga empieza a sacudirse en espasmos demenciales. Siete. Seis. Y la nube de vapor que emerge de su base se convierte en una tormenta blanca que chamusca todo lo que se le cruza. Cinco. Y el terremoto ahoga los llantos. Cuatro. Tres. Y la tierra se agrieta. Dos. Y el rugido aturde. Uno. Y el Reloj Público, ya cohete de piedra, empieza a ganar altura, arrastrando consigo a la ciudad toda. Sus agujas marcan las once y cinco de la última mañana de Alta Gracia y apuntan hacia un cielo celeste que ya comienza a abordar.
 
 
Mientras asciende, su figura es escoltada por un manojo de calles serpentinas que desde abajo parecen la estela de un cometa hecho de trapos.”

Del libro  “Teorías Acerca de la Desaparición de Alta Gracia”
JORGE FLORES SOLER (FANUE).


ESPEJOS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 6/17/2011 12:00:00 a. m.

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“…si prestas atención y no hablas demasiado, te contaré todas mis ideas acerca de La Casa del Espejo. En primer lugar, está la habitación que puedes ver a través del cristal… es exactamente igual a nuestra sala, sólo que las cosas van en el sentido contrario. Puedo verlas a todas cuando me subo a una silla… todo, menos el rinconcito detrás de la chimenea, ¡Oh, cómo me gustaría poder ver ese rinconcito! ¡Me gustaría tanto saber si tiene fuego en invierno! Es difícil saberlo, a menos que nuestro fuego ahúme y entonces el humo suba también a esa sala. Pero eso puede ser solo una simulación, para hacer creer que tienen fuego. Pues bien, sus libros se parecen a los nuestros, pero las palabras están al revés. Lo sé, porque puse un libro ante el espejo, y entonces ellos pusieron uno en la otra habitación. 
(…) 
Supongamos que el cristal se volvió tan tenue como la gasa, de manera que podemos pasar a través de él. ¡Vaya, ahora se está convirtiendo en una especie de niebla! Será bastante fácil atravesarlo…
Cuando dijo esto, se encontraba sobre la repisa de la chimenea, aunque casi no sabía cómo había llegado allí. Y no había duda de que el cristal estaba empezando a disiparse, como una refulgente niebla plateada.” 

A través del Espejo 
Lewis Carroll
 
 
Esta postal invertida, me hace pensar que por el espejo de Alicia, también cayó un fotógrafo para registrar los paisajes reflejados de Altaria, o quizás… a través del mercurio, estemos recibiendo la memoria intacta de Airatla, una ciudad que permanece ajena a la furia del Jabberwocky inmobiliario que está destruyendo el pasado de Alta Gracia:

 

ENTRADA

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 4/15/2011 12:00:00 a. m.

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Los años se encargarían de construirle un marco a todas las postales de Altaria, un ingreso escrito con neón lila y rosado para recibir a los turistas por una avenida de modernas ambiciones… 
 
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Pero este modesto contrapunto racional, para el histórico patrimonio enclavado al oeste, fue menospreciado finalizada la década del ochenta del pasado siglo y la austera horizontalidad de la placa de hormigón calada, sustentada por sus pilares, quedó enmascarada por una artificiosa escenografía de molduras que no pudo adaptarse a la asimetría que los sueños de futuro, le supieron imponer. 
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no hay ni una postal.

ULTRAJE

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 6/30/2010 12:00:00 a. m.

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En las postales antiguas, el pasado parece nublarse...

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Un velo sepia cubre la nitidez de aquellos días que es descorrido en sus reversos por la palabra escrita:
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(Agosto 1917)
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Señora Helena Laquier
Callao 1555
Buenos Aires

Querida Helena
Cómo te va.
Aquí es lo más lindo
a Gran mamá
y nosotros
nos gusta
mucho
recuerdos a tu mamá...
T abraza
Fabio Pacheco
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"Aquí es lo más lindo" y el sol vuelve a iluminar la columnata de nuestro Olimpo serrano de dioses imperfectos y enfermos, de diosas aristocráticas y cansadas, asomándose al rústico paisaje de El Bajo, donde las espaldas se comban, las manos encallecen, las piernas se agotan...


En las postales modernas, el presente parece congelarse...


Nada esconde el ultraje perpetrado contra el Sierras Hotel, vaciado y reconstruido para los pobres esclavos del juego.


Al futuro, llegarán tarjetas vacías, sin recuerdos manuscritos de Alta Gracia.

CEMENTO

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 8/08/2008 12:00:00 a. m.

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- Al pasar por una casa de fotografía, decido que ya es hora de enviar un recuerdo de estas forzadas pero magníficas vacaciones. Adquiero una postal Peuser con la imagen de un hermoso chalet y el carruaje que me llevó un sábado a conocer Los Paredones.
Es una pena que mis hermanas no estén acompañando mi recuperación, a ellas también les habría sentado bien estas bocanadas de aire puro y los paseos por los arroyos cercanos sobre los que, en tiempos de los jesuitas, se construyeron pequeños diques para aprovechar el agua pura que baja de las Sierras Chicas…
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Los cascos de los percherones cedieron paso a los neumáticos y la tierra al pavimento. Era inevitable que el progreso se cobrara una víctima para alimentar a los nuevos caballos de la velocidad atrapados en el laberinto mecánico de un motor.
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No puedo imaginar cómo pudo haber sido el día en que el primer golpe lastimó la piel de esta casa una y otra vez hasta hacerla caer como un animal viejo y derrotado.
Me cuesta recrear la indiferencia y el espíritu festivo de quienes tomaron la decisión de transformar su jardín en una playa de maniobras, de alterar para siempre la claridad del paisaje, de comenzar a envenenar el aire de una pintoresca aldea…
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¿Elegiría algún editor, esta vista para una postal?

..
¿Quién se atrevería a enviarla?
¿Qué pesares describiría en su reverso?

Me duele la ausencia de una casa que mis manos, jamás podrán acariciar.


(Mi agradecimiento al museólogo Luis Rosanova, quien me aportó datos sobre este patrimonio perdido de la ciudad de Alta Gracia)..