A falta de sórdidas historias de hacinamiento, locura y muerte en orfanatos, manicomios y sanatorios, la ciudad se quedó con un elenco de espíritus traviesos, circunvalando los aposentos abandonados de casonas, hoteles y colonias...
.Colonia de Vacaciones - Alta Gracia.
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Camino al Primer Paredón, los pabellones de la Colonia habrán sabido de cuentos de aparecidos en los fogones de los pequeños turistas; de brujas bañándose en el arroyo a espaldas de La Gruta, de inexplicables ofrendas halladas sobre las piedras de los alrededores...
En los muros de Altaria se abrieron brechas hacia el paisaje, permitiendo controlar los cultivos y la hacienda jesuítica, dejando ingresar la dosis curativa diaria de sol, dispersando sobre el arroyo la nostalgia española de un músico enfermo, alojando la sien destrozada de un escritor, liberando de la penitencia infantil al futuro héroe de una isla...
También se replegaron los postigos para dejar que las polillas huyan, la niña apoye sus codos sobre el alféizar mientras sueña con un amado que no llegará montado sobre un corcel blanco y para que se ventilen las nostalgias dormidas entre pañuelos de seda y cintas de raso celeste...
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Alta Gracia 15-12-(1)949.
A mi querido viejito con mucho cariño tu viejita.
Querido viejito, la flecha es mi dormitorio y las dos ventanas el Economato, o sea donde es mi puesto. Estoy encantada y me siento mejor lástima que no consigo las tarjetas de esta clase. Bueno mi vida dales a todos nuestros queridos hijos e hijas muchos besos y para ti lo que gustes. Cuéntame muchas cosas y el número de billete de Aída.
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En las paredes de Alta Gracia, se abrieron ventanas al afecto que el tiempo se encargó de cegar, con las rejas de la desconfianza..
Cansada de esperarlo bajo la araña de caireles biselados, recorrió con su mirada las últimas fichas ordenadas sobre el paño verde. El croupier hizo girar la ruleta, y la suerte quedó suspendida al borde de los números de la séptima mesa. No quiso aguardar el resultado, atravesó la sala atestada de jugadores y llegó a las puertas de vidrio repartido del foyer. Lejos de los radiadores notó el inmediato cambio de temperatura, mientras afuera el invierno desmenuzaba el cielo nocturno en minúsculas estrellas que se iban acumulando sobre el césped. Llevó una mano enguantada hacia el suntuoso cuello de zorro plateado de su sacón y sintió un escalofrío que la hizo retroceder al ver más allá de la terraza del casino, una figura pendiendo de una farola del parque…
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1920
Tosió y abandonó los edredones de pluma de ganso, se calzó las pantuflas y corrió sobre el entablonado de pinotea hasta los visillos bordados de la ventana. Las espléndidas escalinatas del ingreso se encontraban alfombradas por una espuma iridiscente, debía ser muy temprano porque nadie había dejado sus huellas y desde los recovecos del petit hotel, los sonidos del sueño continuaban ignorando la novedad helada. Sus padres dormían y las criadas aún no habían despertado los tiznes del fogón de hierro. Abrió la pesada puerta de roble del vestíbulo y se quedó absorto contemplando un paisaje que solo había podido disfrutar en las estampas de sus cuentos. Una ráfaga le abofeteó el rostro mientras descendía por los peldaños hasta la vereda, pero la tos lo paralizó antes de llegar a los látigos metálicos del portón…
1938
El frío alentó la recolección de leña para una fogata y bajo el cielo encapotado, un círculo de jóvenes exploradores se fue internando en las sombras nocturnas con historias y anécdotas mortuorias. Alguien enumeró turistas extraviados en los montes de espinas que fueron encontrados vagando con las cuencas vacías y el alma robada, otro recordó al prometido que nunca llegó a tiempo a su cita, porque se ahorcó al empeñar sus alianzas en el casino. Un tercero repitió la penosa leyenda del niño que por salir a disfrutar de la nieve que nunca había visto, tropezó en las escalinatas del jardín, quebrándose el cuello. Un silencio triste se apoderó de todos, de pronto el miedo había exorcizado al invierno. Varios señalaron las chispas ascendentes de la hoguera y la misteriosa respuesta que descendía del cielo como si miles de panaderos hubieran sido liberados desde las alturas. Había comenzado a nevar.
Los trenes llegaron hasta la cantera El Cerro y nunca se acercaron al Anisacate pero los empleados ferroviarios tuvieron su ciudadela casi en la entrada de La Paisanita con una vertiente alimentando la piscina y aquella magnífica atalaya desde donde todavía se pueden observar las aguas del río descarrilándose entre las piedras azuladas de su curso.
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A Gracia 11/2/59
Angélica
saludos cariñosos para
vos y Bernardo. Regresamos el
domingo 22 a las 13 horas.
Saludos a Nely.
Tus padres
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Las tardes de aquellos ferrocarrileros, deben haberse rubricado de senderos que ocultaban la sorpresa de una víbora, el sabor de los duraznos salvajes y el enigma de un rancho abandonado. Recuerdos envueltos en manojos de peperina al fondo de una valija, junto a la caja de alfajores y alguna piedrita con mica, aguardando el retorno en la estación de trenes de Alta Gracia.
BIBLIOGRAFÍA Marcelo Peyret; 1946: Alta Gracia. Editorial Tor.
Juan F. Cafferata; 1949: De la Córdoba de Ayer. Imprenta de la Universidad Córdoba (R.A.).
Rizzuto, Miguel Alfredo; 1954: Historia y Evocación de Alta Gracia. Compañy, Francisco; 1965: Breve Historia de la Parroquia de Alta Gracia. Centro de Estudios Históricos de Alta Gracia; 1981: Síntesis Histórica de Alta Gracia. Ernesto Guevara Lynch; 1986: Mi hijo el Che. Sudamericana-Planeta.
Varios Autores; 1991: Documentos para una Historia de la Arquitectura Argentina. Ediciones Summa.
Larrauri, Elsa T.; Trecco, Adriana; Amarilla, Laura; Santiá, Silvia; García Vieyra, Jaime; 1992: Alta Gracia. Evolución Histórica y Desarrollo Urbano-Arquitectónico.
Jorge Zemborain; 1992: Viejas Estampas de Alta Gracia. Schávelzon, Daniel; Anuario de la Universidad Internacional Sek, N5/1999, pp 47-59 Sección: Ciencias del Patrimonio Cultural: Arqueología Histórica en el Convento Jesuítico de Alta Gracia, Argentina. Un ensayo sobre su cerámica. Delfina Gálvez; 2004: Nosotros Tres. Ediciones Pasco. Augusto L. Piccon - Francisco J. Caligiuri; 2006: Sierras Hotel - Alta Gracia. Edición de Autor.