2019
Desde su arribo al Mar de Ansenuza, Walterio casi no volvió a revisar su antigua colección sobre el Valle de Paravachasca pues se abocó a recuperar el paisaje urbano que alguna vez naufragó en la laguna.
La inminencia del eclipse solar, le recordó que entre aquellas postales existía una muy curiosa imagen del Observatorio de Bosque Alegre que por su fallida impresión, quizás la convirtiera en una pieza altamente disputada por sus colegas que ignoraban tal singularidad.
Entonces se le ocurrió que la tarjeta podía entablar un diálogo astronómico con los cielos liláceos de la región y seleccionó un atardecer distorsionado por el fotógrafo que además supo cómo enfocar su cámara para eclipsar al sol con un velero. La luna en tanto, continuaba aproximándose al punto calculado para la ocultación transitoria.
Culminada la interposición de los astros, Walterio regresó a su trabajo de investigación que pensaba publicar en el periódico local. Lo que descubrió en su escritorio le dejó perplejo: ambas postales habían mutado radicalmente:
El evento cósmico del martes 2 de julio, mantuvo a la provincia entre la oscuridad prematura de un desteñido crepúsculo invernal sin atender a las sutiles transformaciones del entorno, de los objetos, de las emociones y destinos de sus habitantes.
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Walterio
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10/21/2011 12:00:00 a. m.
Recuerdo que a los cinco años, en una ronda del jardín de infantes, el sol de la tarde me deslumbró y mi frente fue a dar contra aquellas baldosas de grava que cubrían la huella donde décadas pasadas se escalonaba el pedestal que sostenía el busto de Don Manuel.
Desde entonces... volví a tropezar varias veces y más recientemente por culpa de las piezas de pórfido mal colocadas.
Cruzando las diagonales de la
Plaza Solares, viendo a las agujas del Reloj Público trazar sus círculos, la vida también se encargó de atravesarme con un sendero empedrado de porfías.
Si me esfuerzo…
puedo percibir bajo el banal repertorio de sonidos que el presente, ha superpuesto para empañar la sutil armonía del silencio, la brisa, el agua y los pájaros, el magnífico llamado de nuestros antiguos paisajes…
. 149-Primer Paredón - Alta Gracia (Córdoba)
Querido Adolfo
...............Aquí en
Alta Gracia
puedo apreciar
la belleza de las sierras
que nos ofrece el espectáculo
de la naturaleza
inculta y ubérrima arroyos
de aguas cristalinas y
aroma de yerbas odorantes
Saludos de tus padres
y tío
...............Maríno
No encuentro…
una sola línea escrita en la historia, el derecho y la literatura, que justifiquen la sequía de nuestras cascadas, las cenizas de nuestros montes, la aberrante destrucción del Valle de Paravachasca.
Enero de 1998
Contemplo con asombro la última pareja de lobitos de río del Primer Paredón, los veo nadar entre las algas… subir y bajar por una piedra, detenerse en la orilla olfateando el futuro para volver a sumergirse o a esconderse en su madriguera…
No puedo contener la emoción por el generoso regalo que el arroyo me ha hecho y ante la certeza de que la vida… una vez más será inmolada por la estupidez que convertirá este santuario, en un gueto para la vanidad y la codicia.
Crónicas de un altariano.
Desde las cuatro aristas de nuestra torre del tiempo,
cuatro rostros observan el futuro.
Alguien cometió la injusticia de un olvido...
. El jesuita verá abrirse la herida de una cantera que desbastará al cerro entre truenos y temblores.
El indio, asistirá a la caída de las ruinas palaciegas en el valle donde nacen sus tormentas.
El conquistador, presenciará la esterilización de una plaza
y el gaucho perderá de vista al faro de una aviadora cuando los edificios oculten el horizonte para siempre…
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Pero ningún negro desde un quinto pedestal atestiguará el triunfo de su sangre en la alegría festiva de los bailes populares.
“Recién en 1643 en la carta de donación que hace Alonso Nieto de Herrera, quien se había casado con la viuda de Juan Nieto, convirtiéndose posteriormente en propietario de la Estancia, se dice que hay esclavos en las estancias que eran de su posesión. En dicha carta dejaba los bienes a la Compañía de Jesús. Hoy no podemos afirmar aún desde cuándo estaban los esclavos en Alta Gracia, pero si podemos conjeturar que en 1643 ya había esclavos en la futura ciudad del Tajamar.”
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“Los negros esclavos eran el personal estable de la Estancia -a diferencia de los indios que eran conchabados y cuyo número nunca sobrepasó los 50- y desempeñaron los más diversos trabajos. La mayoría vivía en la Ranchería. Otros vivían en los puestos, muchos de ellos en plena Sierra. Los esclavos fueron el soporte económico de la estancia en los puestos, en los telares del Obraje, en la huerta, en el transporte de las carretas de bueyes que llevaban los productos al Colegio Máximo e incluso a Buenos Aires, fueron además el servicio doméstico. Trabajaron en la herrería, molieron harina, produjeron vino, hicieron charque de fruta, hornearon ladrillos, fabricaron muebles y carretas, construyeron edificios…”
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(Extraído de “Los Negros esclavos en la historia de Alta Gracia”
por Jeannette C. de la Cerda Donoso y Luis J. Villarroel).