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UTILERO

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 7/26/2019 12:00:00 a. m.

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Abrió un cajón de su escritorio y la luna que se filtraba por la ventana se refractó sobre las vetas de roble.

Aquellos relámpagos helados no lo conmovieron como en la noche que los desenterró de la penumbra de un olivo y dejaron de pesarle en la conciencia con una obligación punzante. 

Su amigo más reciente, especialista en atrezzo escénico, fue el encargado de señalarle la naturaleza real del hallazgo.


Buscó el ejemplar de “El Derecho de Matar” que había separado junto a otros libros destinados a la biblioteca Popular, recuperó una de las postales traspapelada adrede entre sus páginas y escribió en su reverso:

Las joyas de Myriam Stefford son falsas.

- Una metáfora de su carrera cinematográfica- murmuró.

Empuñó la cosecha de brillantes y la colocó en un morral de paño sin advertir que la constelación mayor, continuaría arrumbando secretos en el rincón más profundo de aquel mueble británico.

ACABÓSE

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 12/07/2018 12:00:00 a. m.

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2020

Tras el escándalo del plagio y luego de renunciar a presidir la Sociedad Deltiológica,  el regreso al aula del profesor Goliardo, se vio frustrado con un petitorio firmado por los padres ante las autoridades de la escuela. El documento exigía su alejamiento de la institución por “no representar el mejor ejemplo de los valores que un docente de historia debe transmitir a los alumnos.”

En los meses siguientes, al ser trasladado a una escuela serrana con albergue, rescindió el contrato de alquiler de la Casa de las Rosas. Se le asignaron tareas administrativas con el fin de compensar su carga horaria original, actividad que le permitió aprovechar clandestinamente la conectividad satelital del establecimiento para sostener un blog personal: "PARAVACHASCA DEL AYER."

Con un grupo importante de lectores, Goliardo cree haber superado su humillación profesional, mientras infructuosamente intenta cargar una postal del arroyo de Falda del Carmen, editada por Briñon. Sospecha de algún inconveniente en la transmisión de datos, hasta que una notificación lo regresa a las sombras de su vergüenza: 


“La página ha sido dada de baja por su contenido ofensivo.”


Habiendo invertido sus ahorros en la edición del libro “Una Epopeya Turística en las Sierras”, el Licenciado Pezzoni debió desintegrar su colección para costear por diferentes medios de comunicación, las disculpas solicitadas por Ariadna del Río, quien satisfecha desistió de iniciarle una demanda judicial por plagio.

Todavía no se repone de la fallida presentación de su obra para la que, aprovechando sus contactos políticos, consiguió el restaurado Cine Teatro Monumental Sierras. Apenas algunos familiares y allegados que no incluían al profesor Goliardo, lo acompañaron en el silencio de una sala que resultó excesivamente grande para las ambiciones del historiador aficionado.

Decidido a borrar aquella experiencia, dedicó los últimos meses para incinerar todos los ejemplares sin vender o regalar que ocupaban los rincones de su casa. Los últimos cinco crepitaban en el hogar de granito rosado, cuando recibió una llamada interesada en comprarle el saldo de la edición para obsequiarlos en una fiesta de la Cámara de Turismo de la Provincia de Córdoba…


JUICIOS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/14/2018 12:00:00 a. m.

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UNO

Acordaron que nadie tenía el derecho de violentar con un monstruo de palabras su paraíso serrano y alentados por la reciente prédica del cura párroco, urdieron la trama del escarmiento. Desde las poltronas de las galerías del Sierras Hotel hasta los invernaderos de Villa Carlos Pellegrini, la media voz y las misivas breves fueron comunicando el lugar de encuentro para la reunión expiatoria en la que cada asistente se comprometía a llevar al menos, un ejemplar de la novela maldita.

En el descampado elegido, bajo un atardecer nublado, los libros se fueron amontonando de manera desordenada y casi lineal, obligando a los asistentes a trazar un perímetro oblongo similar al de un bacilo. Una mujer tosió y comenzó a desenhebrar avemarías desde un rosario de cristales azules, otras fruncieron el ceño pero le hicieron coro, la oración se fue extendiendo en el preciso instante en que un cochero acercaba la braza de su cigarro a las páginas impregnadas de querosén.

Delineado por el fuego, el nombre del autor maldito resplandeció en las cubiertas de color rojo, verde y amarillo de su obra. Un trueno quebró el silencio del valle donde nacen las tormentas y se desató la lluvia. Cesaron las plegarias, la confusión se apoderó de los feligreses que corriendo y empujándose buscaron la protección de árboles automóviles y carruajes. La luz de la hoguera declinó bajo el aguacero.

- ¡Marcelo! ¡Marcelo Peyret! Lo intentaron pero no pudieron con todos.

Mientras subía al tren que lo alejaría de aquel infierno serrano, el escritor buscó el rostro de quien lo había llamado. Desde el andén, el tagaciano lo despedía levantando por encima de todos los viajeros, un volumen de “Alta Gracia”.

- El futuro no perderá la posibilidad de leerte.


 DOS

Ariadna quitó el señalador de la página 65 y continuó con la lectura del libro que le había entregado aquel sujeto misterioso de la biblioteca:

“Las nuevas generaciones eran débiles, enclenques, niños escrofulosos, llevando en su sangre empobrecida el germen del terrible mal. Fue entonces cuando se fundó un dispensario, pero ya era tarde. La tuberculosis es una enfermedad para ricos, exige una vida ociosa, una alimentación especial, y los medicamentos de nada sirven, son impotentes por sí solos, no ya para curar, sino ni siquiera para impedir los progresos de la enfermedad…
El bacilo está en todas partes. Es señor, el rey, el soberano absoluto. De el viven los médicos, los curas, los hoteleros y comerciantes. De él habla y se preocupa todo el mundo, en el palacio suntuoso y en el tugurio miserable. Es el nuevo señor de la montaña, buitre voraz que necesita carne humana para alimentarse. Se extiende a las vacas, vive en la leche, en la carne, en el aire, se esconde en los rincones, en la ropa, en el polvo del camino, en el beso de la madre, en el aliento de la novia, y allí, artero, solapado, alevoso, acecha el momento propicio y da el golpe.
Tirano absoluto, odiado, y combatido por todos, parece que de todos se burla, e invencible, omnipotente, cada día afirma más su señorío en las sierras.

Néstor pudo apreciar esa mañana, todo el dolor de esa tragedia.
Contreras vino a buscarlo, al Hotel Colinas, donde se alojaba, y juntos se dirigieron a misa. Cuando llegaron, ésta ya había comenzado. La pequeña iglesia colonial se hallaba atestada de gente, que devotamente seguía la ceremonia oficiada en latín por el cura.

- Kyrie, eleison…- percibió Néstor, en el murmullo de voces. Esas palabras habían resonado en las viejas bóvedas desde hacía centenares de años. En tiempos pretéritos, todas las mañanas eran repetidas por los indios de la factoría, almas infieles, ganadas para el cristianismo por los padres jesuitas. En el viejo altar, en el vetusto coro, las repetía el eco, como si esos muros adquiriesen musicales sonoridades, a fuerza de vibrar sus moléculas con las mismas palabras.

Néstor cerrando los ojos, imaginó la solemnidad de esas pasadas ceremonias, donde salvajes y civilizados se unían en un mismo deseo, en una misma aspiración.

- Gloria in excelsis…

Veía la multitud de indios semidesnudos, postrarse ante los símbolos sagrados, poseídos por el temor de lo incomprendido, ofreciéndole su sumisión de niños grandes. Seres arrancados a la azarosa vida de una guerra continua, fieros cultores del valor, venían a deponer, ante el ser supremo de los hombres blancos, su espíritu de salvajes, en las frases sacramentales.

- Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

La nueva religión cambiaba su idiosincrasia, y los tornaba, de sanguinarios guerreros, en mansos corderos, en dóciles instrumentos de esos hombres de negra sotana, en cuyas manos, bajo cuya autoridad y para su provecho, arrancaban la riqueza de la tierra, levantaban poblaciones, y contribuían a fortalecer una autoridad, que los transformaba, de hombres libres, en pobres cosas despreciables, sin individualidad, sin atributo de la dignidad humana.”


Conmovida, Ariadna cerró el libro reafirmando todas sus sospechas sobre el pasado de la ciudad. Tantos años reclamando la reivindicación histórica de un turismo sanitario negado por décadas.

- Lo intentaron, pero sin dudas… no pudieron con todos.


ESCUELA

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/04/2018 12:00:00 a. m.

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Sentado tras un desvencijado escritorio de chapa plegada, el profesor Ósman Iglesias Goliardo  repasa alfabéticamente el listado de sus alumnos para que le entreguen la monografía solicitada como tarea. Sabe de antemano que la mayoría de las carpetas que se van acumulando sobre el palimpsesto de nombres y groserías grabadas a punta de compás en el esmalte gris azulado, apenas tienen un interés que pueda reclamar su atención y son la puesta en escena de una representación ociosa: mientras él simula que enseña, los adolescentes fingen aprender. El timbre del recreo baja el telón pedagógico de su compromiso laboral y abandona la institución con un saludo apresurado.

Ya en su casa prepara una infusión de hierbas y se aboca a leer superficialmente el trabajo práctico recibido en nombre del cumplimiento, cuya consigna consistía en seleccionar un sitio que por su valor cultural, justificara el rango patrimonial que posee.

Abre al azar uno de los informes y suspira resignado al leer una página copiada textualmente del libro “Viejas Estampas de Alta Gracia” de Jorge Zemborain.


LA GRUTA DE LOURDES


"Pocos parajes tan pintorescos y apropiados habrán servido de marco a la erección de santuarios en honor a la Virgen de Lourdes. La policromía de las sierras, lo abrupto y ríspido del lugar, ese enorme socavón natural en la piedra formando la gruta, el arroyo que corre a pocos metros y ese maravilloso y límpido cielo azul, característico de Córdoba. El exquisito perfume de los aromitos y el tan peculiar de la peperina embalsamando el ambiente, son dignos marcos a tan venturoso propósito. Y todo esto lo habrá apreciado -sin dudas- doña Delfina Bunge de Gálvez, esposa del escritor cuando con otras damas, eligió el lugar para tal fin. Con el tiempo fueron una realidad, y hoy el santuario es visitado por gran número de fieles y promesantes, de continuo.

Y llegado el 11 de febrero de cada año, la congregación de devotos es multitudinaria, ya que ese es el día consagrado a la Virgen. Largas filas de peregrinos que marchan desde la ciudad de Córdoba hasta el santuario, en interminable caravana cubren, literalmente, la ruta 36, que, hasta muy avanzada la noche, está poblada de rezos y oraciones. Como así también, de canciones, risas y corridas por trechos, de los más jóvenes. Todos acuden devotamente a rendirle sus tributos, y es conmovedor comprobar que toda esa multitud, se mueve por la fe, por sus más arraigadas convicciones. Y no faltan los que llevados por diversas promesas, se llegan al pie mismo de la imagen, marchando largos trechos sobre sus rodillas, con manifiestos propósitos de mortificación y expiación de culpas.”


“La capilla construida sobre una sierra cercana es pequeña pero bonita, con una incomparable vista en derredor. Y por detrás de ella, en otra sierra más alta se eleva una imponente cruz, que se visualiza desde gran distancia. Para llegar a ella es menester recorrer el “vía crucis” construido en el ascendente sendero que culmina en la cima donde está enclavado, justamente el monumental símbolo de la cristiandad. El hacer las estaciones, es una experiencia subyugante y emotiva.

Todo allí es paz y serenidad, el cielo diáfano, el trino de los pájaros, y hasta el reptar de alguna víbora inofensiva, o la carrera asustadiza de las lagartijas. En verdad que en tal lugar y semejante escenario, uno se siente poseído del misticismo, y se acerca sin dudas, mucho a Dios.”


Pero por esta vez, al Profesor Goliardo se le agita la respiración, porque los folios incluyen postales originales de La Gruta, entre las que se destaca una con la construcción de la capilla. Impulsado por su afán coleccionista, arranca los tesoros fotográficos y anota un diez en el listado de calificaciones, más tarde inventará una excusa para no regresar las carpetas a sus alumnos.


RECAUDO

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 8/31/2018 12:00:00 a. m.

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Ariadna abre el libro “Historia y evocación de Alta Gracia” de Miguel Alfredo Rizzuto, en la página 5, reconoce un paisaje clásico convertido en postal y piensa que el volumen podría servirle de guía para rastrear otras tarjetas que aún no ha podido incluir en su archivo dedicado a la villa serrana.

HISTORIA Y ARTE


EL TAJAMAR, LA IGLESIA, EL MONUMENTO Y CASA HISTÓRICA

Se detiene en la página 7 y lee las palabras del autor precedidas por un epígrafe:

“Esta tierra que siembro es mi patria y la quiero.
De ella me viene el canto, la fatiga, el dolor.
Mi ley está en herirla, en sembrarla, en quererla
Y en decir su alabanza, como en esta canción.

CARLOS CARLINO

Al realizar este libro, ha creído el autor contribuir eficazmente, al mayor conocimiento de la inmensa y apasionante historia de Alta Gracia, que el 8 de abril de 1953 ha cumplido su 365 aniversario.
La tarea se ha llevado a cabo, en base a documentos inéditos y materiales tomados de la bibliografía existente, que tenga algún valor, por su seriedad, veracidad o sentido artístico.
Se ha pretendido dar una reseña histórica y general, desprovista de la aridez del texto o del documento antiguo, que se haga accesible al público y despierte curiosidad y cariño por nuestro pasado, siempre lleno de evocación, de tradición y de poesía. Hay en el pasado argentino, un acervo histórico, que, como argentinos, tenemos el deber de…”

El crujido de una silla interrumpe la lectura de Ariadna, anoticiándola de no ser la única visitante de la biblioteca de calle Liniers. Una briza extraña, un aroma desconocido, la envuelve en un desasosiego repentino. Al girar la cabeza hacia la ventana, el tagaciano la aguarda con la mirada. Sobresaltada regresa al párrafo excedido de comas:


“…mantener y acrecer, con idealismo, desinterés y amor a la verdad.
Alta Gracia, rico venero histórico y estético, permitiría escribir un libro denso y nutrido. Por ahora, dado los móviles de esta obra, nos limitamos a dar la información esencial y de…”

La mano enguantada del tagaciano, cubre la página impidiéndole a Ariadna finalizar la lectura.

- Si realmente está interesada en el pasado de esta ciudad, le pido que me acompañe hasta la vereda, hay un libro que he rescatado para usted.

- ¿Cómo puedo confiar en alguien que se presenta de esta manera?

- Mis disculpas nunca serán suficientes por haberla asustado. Soy lector de sus columnas en “Diario Quelonio” y también estoy al tanto del comportamiento deshonesto que el Licenciado Pezzoni y el Profesor Goliardo tuvieron con sus ideas.

- ¿Y usted cómo lo sabe?

- Le dije que sigo sus publicaciones, por eso he decidido ayudarla.

Distendida, Ariadna se dejó convencer y abandonaron la biblioteca. En la calle el tagaciano sacó un libro de su morral y se lo entregó.

- ¿Conoce este título?


Un destello de entusiasmo recorrió la mirada de Ariadna.

- ¡La mítica novela de Marcelo Peyret! ¡El escritor maldito anatemizado por el cura párroco! ¿Cómo lo consiguió? Deben quedar muy pocos ejemplares que se hayan salvado del fuego.

- Eso ya no importa, ahora queda en sus manos, la ciudad merece una historia menos atada al romanticismo de los memoriosos.

NÉMESIS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 6/17/2018 12:00:00 a. m.

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DÉCALOGO DEL COLECCIONISTA


1- Poseer solvencia económica.

2- Acotar el universo de la colección.

3- Respetar lo que se colecciona.

4- Conocer la temática elegida.

5- Seleccionar y clasificar.

6- Investigar y documentar.

7- Conservar adecuadamente.

8- Participar de grupos coleccionistas.

9- Asistir a eventos de coleccionismo.

10- Exponer y compartir.

Ignoro por qué motivo todavía sigo manteniendo ese recorte bajo el vidrio de mi escritorio, quizás como un recordatorio de que hice todo lo posible para cumplir con los divinos mandamientos y así me fue. Era muy joven y a la Sociedad Dieltológica no le debe haber caído bien que en 1988 presentara la postal más antigua. Por eso ahora me encuentro alejada de los eventos que sigue organizando y prefiero aprovechar el tiempo que antes me demandaba, estudiando y catalogando las pocas postales que siguen apareciendo en los mercados de pulgas.

Hoy estoy con el arroyo y quizás no sea la imagen más hermosa que tenga del Primer Paredón, sin embargo trae unas líneas manuscritas muy sugestivas:



Sr
Luis Fontan
Presente

Tu simpatía vuelcas a raudales
demostrando lo que eres, así
si sigues de este modo el odio humano
no te alcanzará a ti.

Graciela A. García
A. M. Villar

A veces siento que el pasado me envía mensajes y que el Sr Luis Fontan no fue el único destinatario de las palabras de sus amigas. Si hoy volví a refugiarme en la inacabable tarea de separar paisajes creando nuevas categorías, es por el descubrimiento que hice esta mañana en el escaparate de una librería:


La portada de una publicación del inefable Licenciado Pezzoni, con aquella postal que la Sociedad Dieltológica no tuvo más remedio que premiar, aunque yo no estuviera entre sus miembros más destacados.

Ingresé al local para poder hojearlo y descubrí que las páginas estaban plagadas de otras reproducciones de mi colección, con apenas una referencia general sobre su procedencia en la contratapa.

Me enfoqué en los textos, la redacción era muy tosca delatando escaso rigor histórico y una carencia de oficio como investigador semejante al monólogo de un bohemio mientras apura copas entre recuerdos y mentiras.

El vendedor interrumpió mi indignación silenciosa, preguntándome si estaba interesada en adquirirlo. Le contesté que buscaba libros de baja calidad editorial con fotos antiguas que se pudieran recortar y aprovechar para hacer decoupage. Me miró dudando, le devolví el volumen y salí a la calle a seguir volcando mi simpatía a raudales.

Hay que reescribir el tercer precepto del coleccionismo:

3- Respetar a quien colecciona.


TEORÍAS

Posted by Walterio | Posted in , , , , , | Posted on 12/16/2012 12:00:00 a. m.

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“Una de las edificaciones emblemáticas que identifican a Alta Gracia es la torre de su Reloj Público, una construcción de casi cuarenta metros de altura que impone su presencia en el mismo centro de la ciudad, a la vera del jesuítico Tajamar.

A nivel de la calle, una puerta de doble hoja permite el acceso al edificio, en cuyo interior funciona una breve dependencia municipal destinada a ofrecer información turística a los cientos de paseantes que diariamente visitan la ciudad.

En lo alto de la torre, una vieja pero cuidada máquina de contar tiempo se anuncia indefectiblemente cada media hora con metálicas campanadas que en las alturas echan a volar a las inquilinas palomas y en la calle apuran el paso de los demorados.

Una calurosa mañana de febrero, las informantes turísticas abandonan alborotadas sus puestos de trabajo, pues en uno de los rincones del escueto recinto una extraña voluta de humo blanco se eleva lentamente a partir de una hendija abierta en el piso, próxima a la pared.

Ya en la calle, las sorprendidas mujeres comentan la rareza con un inspector de tránsito apostado en esa esquina y un puñado de ocasionales peatones.

“¿Están seguras?”, pregunta incrédulo el inspector desde su refulgente chaleco anaranjado. “Debe ser un pucho mal apagado”, asegura con tono petulante un tipo con pinta de saberlo todo. “Imposible, señor. Por tratarse de una dependencia pública, adentro está prohibido fumar”, puntualiza una de las empleadas.
 
 
Acuciados por el relato de las mujeres, un grupo de curiosos ingresa al edificio para comprobar el suceso con ojos propios. Uno de los hombres, el más joven y audaz de ellos, se acuclilla en el referido rincón y acerca su nariz a la fumarola, en un intento por identificar el origen del fenómeno. Sin embargo, no es el olfato el que le da una señal, sino su oído. “¡Escuchen!”, susurra el joven con un dedo en alto que solicita atención. Todos hacen silencio y sigilosamente avanzan a la vez -uno, dos, tres pasos; como si el grupo fuera una única entidad-, para poder oír un leve siseo que proviene del mismo resquicio a través del cual se desprende el vapor.

Afuera una sirena ensordecedora llega y se estaciona en la esquina, trayendo consigo un camión del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, el cual ha acudido urgente al nervioso llamado de una de las empleadas.

Hacha en mano, un ágil bombero ingresa al edificio para realizar una inspección y allí se encuentra con el grupo de hombres agachados en una de las esquinas del local. Éstos intentan explicarle lo que han descubierto, pero en ese instante una repentina vibración comienza a sacudir el suelo. Asustados, todos desalojan el lugar de inmediato.

En la calle la gente siente que la tierra tiembla bajo sus pies. Gritos de pánico comienzan a volar por los aires. Desconcertadas, algunas personas huyen de aquel sitio en busca de algún lugar seguro; mientras otras, paralizadas por el miedo, trastabillan como borrachos desequilibrados.

Aquella ligera espiral de humo que había aparecido en un rincón del Reloj Público se ha convertido ahora en una columna de vapor caliente que inunda el salón y que también aflora en el exterior del edificio, asomando por debajo de las escaleras de acceso y expandiéndose como una nube rastrera.

Los alaridos de horror se renuevan. El temblor se intensifica y trae consigo un ruido sordo que trepa por las piernas, avisando que abajo, algo se desgarra.

Un violento sacudón estremece la tierra y los cuerpos de los despavoridos ruedan por el suelo. Desde las alturas caen columnas de alumbrado público y trozos de mampostería que se desprenden de las fachadas y de los balcones.

En medio de esa confusión, el viejo y enorme reloj lanza la primera de las diez campanadas que compondrán su cuenta regresiva. Nueve. Ocho. Y la torre que lo alberga empieza a sacudirse en espasmos demenciales. Siete. Seis. Y la nube de vapor que emerge de su base se convierte en una tormenta blanca que chamusca todo lo que se le cruza. Cinco. Y el terremoto ahoga los llantos. Cuatro. Tres. Y la tierra se agrieta. Dos. Y el rugido aturde. Uno. Y el Reloj Público, ya cohete de piedra, empieza a ganar altura, arrastrando consigo a la ciudad toda. Sus agujas marcan las once y cinco de la última mañana de Alta Gracia y apuntan hacia un cielo celeste que ya comienza a abordar.
 
 
Mientras asciende, su figura es escoltada por un manojo de calles serpentinas que desde abajo parecen la estela de un cometa hecho de trapos.”

Del libro  “Teorías Acerca de la Desaparición de Alta Gracia”
JORGE FLORES SOLER (FANUE).


PUEBLOS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/30/2012 12:00:00 a. m.

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En las postales, en las narraciones orales, en las cartas rescatadas del fuego, las geografías naturales y humanas vuelven a recrearse una y otra vez para beneplácito de la memoria.


Bajo la Alta Gracia de un nombre, discurre la vida superpuesta de innumerables pueblos, el que fue vivido por los serranos, el que fue admirado por los viajeros, el que fue padecido y celebrado por sus nativos...


“Este Libro Mi Pueblo 1900-1927 Alta Gracia, es una reseña de los principales acontecimientos ocurridos en esos años, es el primer tomo de una serie de cuatro el segundo abarca de 1927 a 1941 el tercero de 1941 a 1966 y el ultimo de 1966 a 2012.”
Dr. Augusto Piccon.

En los libros que los altarianos escriben sobre su historia y paisaje, se despliegan nuevos argumentos para la felicidad del futuro…


Quedan todos invitados a ésta presentación.

DELFINA

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 8/19/2012 12:00:00 a. m.

10

En los diarios de Delfina Bunge, hallamos el relato de una visita a la morada jesuítica en 1909:


“Otra tarde vamos con Octavio a visitar el convento que está en poder de los Lozada desde Liniers. Nos recibe una viejita de negro. Con ella recorremos los claustros espaciosos y desiertos, de ladrillos desiguales. Nuestras pisadas y nuestras voces resuenan extrañamente allí. Es un crepúsculo sin colores esta vez. Visitamos la sala donde se reunían los Padres, los cuartos desnudos y grandes con una sola y pequeña ventana enrejada y los techos abovedados. Está oscuro y Octavio enciende un fosforito para ver en dónde ponemos los pies. Subimos una escalerita de piedra y caminamos por los tejados del convento y la de la iglesia. La vista es bella: por un lado la pampa y por el otro las sierras… A Julia todo esto le inspira pavor; no quisiera por nada vivir allí. Octavio, en cambio, repite mil veces que si pudiera lo compraba todo. Yo le contesto: “Pero nunca sería para ti como para mí… tendría para ti poesía; pero no la que tiene para mí… ¿qué significarán para ti los claustros donde se paseaba la vida religiosa, y qué la iglesia?”
Cuando salimos de esa excursión nos acercamos al tajamar. No había colores ninguno. Sobre un cielo pálido, con el último recuerdo del día, se destacaban las sierras como si fueran negras. Todo era color sombra, hasta el hotel blanco al pie de las sierras, también sobre el tajamar. No gritaban ni tordos ni gallaretas. El agua estaba igualmente en sombras: mitad negras y la otra mitad más claras, color acero. Cruzaba silenciosamente un bote con dos remeros; y había en lo alto de las sierras sombrías una estrellita.”



De Delfina Bunge, Diarios íntimos de una época brillante por Lucía Galvez

VÍBORAS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 7/29/2012 12:00:00 a. m.

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Buscando una postal extraviada, del interior de “Le Petit Prince” se desliza el retrato de un anónimo altariano:
Me apuro a leer la página que este misterioso personaje del pasado se encargaba de señalar:


“
-¿Tienes buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho tiempo?
.
Me detuve con el corazón oprimido, pero seguía sin comprender.
.
-Ahora vete…- dijo- ¡Quiero volver a descender!
.
Entonces bajé yo mismo los ojos hacia el pie del muro y ¡di un brinco! Estaba allí, erguida hacia el principito, una de esas serpientes amarillas que pueden ejecutarte en treinta segundos. Comencé a correr, mientras buscaba el revólver en mi bolsillo, pero, al oír el ruido que hice, la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena, como un chorro de agua que muere, y, sin apresurarse demasiado, se escurrió entre las piedras con un sonido metálico.”
.
Me quedé pensando por qué habría dejado marcado ese párrafo con aquella fotografía y entonces vino a mi mente un recuerdo de la infancia, que me conmoviera tanto como este libro que me regalara una tía para un cumpleaños.
Bob Foss interpretando a la serpiente en aquella película de 1974 dirigida por Stanlely Donley:



Una serpiente en la hierba…
Y entonces la postal que buscaba se materializó en el álbum del que la creía ausente:


Alta Gracia – Villa Carlos Pellegrini, desde el golf.

Un árbol y la suave extensión del césped recortado, que habrá sido recorrida por la cinta ondulante de alguna de las mortíferas víboras serranas… en busca de un principito…

TERNURA

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 9/16/2011 12:18:00 p. m.

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 Sierras Hotel y Casino - Alta Gracia, F.C.C.A.

Si el fasto de Villa Carlos Pellegrini, se encargó de ocultar la tisis que un un escritor como Marcelo Peyret supo desenmascarar en su novela Alta Gracia, a unos kilómetros, en el Valle de Punilla, un escenario más modesto para el dolor enviaba sus postales de esperanza...

Cosquín (Sierras de Córdoba) Solarium del Sanatorio nacional.


Cosquín 8 de mayo de 1929

Recibe un abrazo 
de tu hermano
que te quiere 
y pórtate bien
con tu mamita
MANOLO

besitos del nene y Saludos de Jorge

Y si Altaria tuvo quien rescatara del olvido las penas de los menos pudientes, mientras en el Sierras Hotel se jugaba a interpretar "La Máscara de la Muerte Roja" de Poe, desde Cosquín, otro viajero del tiempo dedicó sus palabras a rescatar la soledad del pasado:

Sierras de Córdoba. Panorama de Cosquín.


Doña Parmenia: 
Se acuerda que le dije que mi hermana Leti llegaba en el tren de las cinco y Ud. me contestó que parecía que nos hubiéramos puesto de acuerdo porque había terminado de limpiar toda la pensión como si estuviera esperando visita. 

Ud. tenía razón, me pasé casi todo el invierno encerrada, después de volver del trabajo no salía, tejía toda la tarde y escuchaba radio. Tengo todo lo que le tejí a Leti guardado en unas cajas con ramitas de lavanda, estoy segura que a ella le van a gustar mucho los puntos que le hago. A fin de año se recibe de maestra y quiero que se venga a vivir conmigo.

Cosquín (Sierras de Córdoba). 
Calle Paraná con la Escuela Fiscal


Debe estar más alta, a lo mejor se le dio por teñirse de castaño claro o rubio como Ella, va a llegar en el tren de las cinco y seguro que me va a traer un traje a lo “Dibito” ,  zapatos pulsera rojos con plataformas, un perfume y la redecilla para el pelo, que acá no la pude encontrar, me voy a poder hacer ese peinado que usa Ella, con el rodete recogido en la red. Debe estar más rellenita, cuando vino hace dos años casi no quería comer, le tuve que comprar plato y cubiertos nuevos y también taza porque extrañaba las de allá, no me lo dijo pero yo me di cuenta. Eso la animó un poco y empezó a comer algo más, tomaba sol a la siesta, quería tener abierta todo el tiempo la pieza para que se ventilara, leía y caminaba mucho pasando el cementerio porque juntaba tomillo y ahí crece grandecito, pero lo que más le gustaba era la peperina y los hongos, y las piedras. Me esperaba con la comida lista, esas vacaciones de julio fueron tan lindas. Siempre me escribe y me manda las revistas que me gustan. Va a venir en el tren de las cinco y seguro que se va a bajar por el vagón de cola y va a saludar como Ella y cuando la vea me va parecer que me tira plata y regalos igual que Ella. Si hasta me compre el “Primo” porque Leti no sabía prender el carbón y le tenía que pedir a Ud. que la ayudara, al “Primo” hay ponerle alcohol con una alcucita y después darle bomba, la comida se hace enseguidita, cuando lo prendamos de noche le voy a decir que apaguemos la luz para ver como se hace la comida con la llamita celeste mientras escuchamos algún tango en la radio. Cuando la vea aparecer del tren le voy a decir “Señorita Maestra” porque ya casi está recibida, le faltan cuatro meses. 

 Sanatorio Nacional Bialet Massé F.C.C.N.A.

Le dije que cuando pase por los hospitales no mire, se ven caras tristes, yo las vi durante casi siete años, extrañaba a mi familia, las chicas, el barrio. Leti siempre fue sana como yo hasta que me enfermé. El día que subí al tren sanitario para venirme a las sierras Leti se quería subir, quería acostarse en el camarote, me quería abrazar, darme un beso, yo también, pero no la dejamos, se quedó llorando al lado de mamá y diciéndome chau con la mano. Le compré a Leti dos chiquizuelas de diez centavos, son bien gruesas, que las cocine como ella quiera, para mí es lo mismo, le gustaba ir al mercado, se entretenía viendo como algunos caracoles se escapan del canasto de la pescadería, qué asco, no sé cómo pueden comer esos pobres bichos, pensar que una vez por semana en la casa de la Señora Rufina, donde voy a coser, los purgan con aserrín y los cocinan vivos, parecen esos esputos que teníamos que juntar en las cajitas de vidrio para hacer el cultivo. Leti se hizo amiga de don Figueroa, el carnicero, pero me parece que tenía simpatía con Ivito, el hermano más chico del carnicero, tiene bigotitos como caminito de hormigas, es flaquito, alto y muy derechito, tiene una cola levantada como un pan casero. Leti le pedía que le prestara la bicicleta del reparto y se iba hasta el puente carretero a juntar berro porque mamá le dijo que tiene mucho hierro y nos hace bien, sobre todo a mí. Ya debe estar por Córdoba, va a llegar cansada, se trae las sábanas y las colchas y también las toallas, el fuentoncito para lavarse la ropa, los jabones, la plancha. Planchaba todo, hasta las medias, es tan ordenada. Hoy me iba a perder la novela, pero valía la pena, las de acá no son como las de Buenos aires, antes de venirme escuchaba “Mujeres en la Historia”, Ella trabajaba ahí, me parecía verla cuando hizo de María Antonieta y la llevaban por los campos de Normandía para cortarle la cabeza. Ahora no hace más novelas, viaja en tren y a Ud. le regaló la máquina de coser, la Señora Rufina dice que preferiría morirse de hambre antes que pedirle una máquina a esa cualquiera, hija de madre soltera. Ella en la novela sufre tanto y yo la quiero porque sabe lo que es el dolor. A lo mejor Leti trae los zapatos con plataformas color suela que hacen juego con la cartera alargadita, me gustaría que viniéramos caminando despacito para la pensión, para que la vieran, pero si trae ese sobre alargadito como el que Ella tiene en la foto del diario cuando fue a la Casa Cuna, va a llamar mucho la atención, vaya a saber que piensan. Todavía no le devolví a la Señora Rufina la camita que me prestó porque Leti me prometió que volvería ese verano, pero pasaron dos años y recién ahora viene. Vendrá mirando los modelos de los Para Ti que me trae, deben ser como veinte, me dijo que no me los mandaba por encomienda porque quería contarme personalmente lo de los colores, se usa mucho el rojo, y el obispo. En el hospital Estefanía siempre andaba con un pañuelo rojo a mano, por los vómitos de sangre, pobrecita. Leti tiembla y se desvanece cuando ve sangre, aquella tardesita que salimos y pasamos frente al matadero, justo a la hora en que estaban trabajando los de la municipalidad, Leti vio como unos enfermos del Sanatorio Laeme se tomaban un vaso de sangre caliente para curarse más rápido. No dijo palabra y se descompuso tan feo. Los malvones, la corona de Cristo y las alegrías del hogar de la pensión están casi sin hojas, pero las plantitas que hice y tengo acá en la pieza no se van a helar, cuando florecen todos son rojos. La Señora Rufina siempre revisa las plantas para ver si encuentra alguna expectoración mía, yo no tengo más expectoración, de tanto inyectarme aire en las pleuras los médicos me dieron de alta. La Señora Rufina se cree que yo no sé que el marido se enfermó y por eso se tuvieron que venir de la capital. 

Querida Doña Parmenia, la verdad es que hace dos días que estoy encerrada en la pieza llorando por lo que pasó, discúlpeme por no contestarle las veces que vino a preguntar que había pasado. No tengo nada de hambre, no sé que pensar, a Ud. le hubiera pasado igual, no lo puedo creer, el día que llegaba Leti me fui a esperarla a la estación a las cuatro, por si el tren se adelantaba, me había hecho los rulos con las prensitas calientes, me puse el trajecito de Principe de Gales que la Señora Rufina me dijo como entrar, la blusa que también me habían dado en la parroquia, las medias con raya que por suerte las tengo sin ningún enganche, los zapatos con taquito y la cartera negra que traje cuando me vine a internar, estaba tan contenta, me puse un poquito de lápiz de labio en los cachetes y cuando me miré en los vidrios de la oficina del jefe de la estación, tenía la cara más rellenita y me dieron ganas de reírme y saltar porque Leti me encontraría más gordita y vendiendo salud.

Puente sobre Río COSQUÍN


Esperé tres horas, se levantó viento con tierra, me entraba en los ojos, se me desarmaron los rulos y yo sentadita en el banco verde, temblando porque pensé cosas terribles, al final el humo de la locomotora aparece por el alto, el corazón se me escapa de la boca del estómago, me paro de un salto al borde del andén, el tren para, miro y miro, empiezo a caminar por el andén, viendo por las ventanillas de los vagones, para encontrar a Leti, a lo mejor se haya quedado dormida o está en el baño, o hablando con alguien que le pregunta por algún pueblo, pero nada, justo cuando tocan la campana y la locomotora empieza a andar un guarda que está por subir al tren me ve y se me acerca y me entrega el sobre con la carta que Leti le ha dado para mí cuando se bajó en la estación de Córdoba, la abro, la leo y me quedo quieta y las lágrimas se me caen y quiero no saber que Leti no volverá nunca más a visitarme ni a vivir conmigo, que durante el tiempo que no vino, no se animó a besar a nuestros padres, que se sacó varias radiografías en el Rawson, que regaló toda la ropa que trajo cuando me visitó y que hizo lo mismo con las cositas que yo le había tejido cuando estuvo acá y que se llevó. Leti me pide que la perdone, que es más fuerte que ella, me desea mucha suerte, que por un tiempo no le escriba y que cuando ella lo haga, no le conteste, que no gaste porque casi todas las cartas que mandé quedaron muy maltrechas y casi no se podían leer cuando las metían en el horno para desinfectarlas. Ahora paro de llorar porque al contarle esto me siento más desahogada, no me venga a ver, yo se que Ud. siempre se ha acordado de mí, Ud. es de acá y sabe como son estas cosas. Cuando esté más animada la voy a ir a ver, ahora no puedo, no puedo salir de mi pieza, miro las revistas que Leti me mandó y la veo, cabello rubio, el rodete, el sombrerito negro, los ojos, el lápiz de labios… Ella nunca se portaría así conmigo ni con nadie. 

En memoria del escritor Raúl Ángel Ontivero, 
autor de este relato titulado ELLA.