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SUTURAS

Posted by Walterio | Posted in , , , , | Posted on 8/14/2019 12:00:00 a. m.

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-Pág. 52-

Tagacia se estremece, tiembla, lamenta, multiplica las posibilidades del silencio y la sombra, enhebra cada hilo vital que la trama precisa en el tapiz del tiempo. Lamentablemente para los altarianos aferrados al pasado idealizado de una ciudad perfecta, esta complejidad resulta inapropiada porque el negativo que la nostalgia desgasta, copia una y otra vez el mismo recuerdo.


La tarde soleada era necesaria para atrapar entre las sierras y el campo, un momento de introspección. Nadie habría salido bajo la tormenta a convertir el paisaje en una memoria de la lluvia destinada a ser celebrada por nuestra cofradía. El tiempo es mucho más generoso que la limitada percepción de su decurso.

En el instante en que adhiero la imagen a esta página, ella está simultáneamente en los Siete Portales Acuáticos Seguros. Es evocada con ternura a unos pasos del río Anisacate, mientras al borde del Peñón que ya no la convertirá en leyenda, los brazos de un enamorado la rescatan del miedo, hilando otra línea de tiempo para suturar las heridas de su historia.”

Bitácora de un Tagaciano.

FLUVIAL

Posted by Walterio | Posted in , , , , , , | Posted on 12/02/2012 12:00:00 a. m.

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UNO

“José de la Quintana, un pueblito cordobés tranquilo y pintoresco a 20 km al sureste de Alta Gracia, pero un tanto a trasmano.
(…)
Sin embargo tiene ferrocarril. Ahí termina un ramal que llega desde Alta Gracia. Y en otros tiempos corría un tren una vez por semana.
(…)
Otrora había sido una estancia. Una importante estancia donde solían pasar temporadas de descanso, eminentes ciudadanos que llegaron a desempeñar la primera magistratura del país. Quintana, Yrigoyen, Alvear, fueron cada cual a su tiempo, sus más asiduos visitantes. Era la estancia de los “presidentes”, como la designaban los lugareños y la peonada misma.”


“Y su casco enorme y solariega residencia, tuvo un nombre “La Casona”. Y La Casona naturalmente, como la gran estancia que era, con una pequeña capilla donde se celebraba misa cada domingo, cuando se encontraba en ella alguno de sus ilustres huéspedes.

Con los años dejaron de ir los presidentes. La estancia se transformó en pueblo y La Casona en una acogedora hostería. Ya en la capilla no se celebraron más misas, pero quedó por largos años tal cual era, con una imagen de “El Niño Alcalde” tallado en madera por manos de un artista indígena…”
(…)
“Y tenía su leyenda. Una conmovedora y dramática leyenda que alcanzaba -salvando las distancias- ribetes bíblicos. Data de la época de Rosas.”

“Y cuentan que las huestes del tirano venían desbastando la región con ensañamiento, al no dar con el paradero de un grupo de unitarios que huían de las mismas, procurando salvar sus vidas. Estos se habían refugiado en el casco de La Casona. Pero un día, sabedores de los rosistas ya habían descubierto el escondite y se acercaban a galope tendido, sable en mano, para tocarles “la refalosa”, decidieron huir. Y temerosos de que cometieran represalias con las imágenes de la Capilla que les sirviera de albergue, al sentirse burlados nuevamente, un jinete cargó sobre la grupa de su caballo, la imagen de “El Niño Alcalde” perdiendo en ello valiosos minutos y huyó precipitadamente en dirección a Alta Gracia. Ya oía a sus espaldas, cerca, muy cerca, el tropel de las cabalgaduras de la soldadesca de Rosas.”


“Estaban por darle alcance, puesto que apenas los separaba el río Anisacate. El unitario portador de la imagen, estaba perdido. Ya los que marchaban a la vanguardia comenzaron a cruzar el río cuando de pronto, un horrísono e inacabable trueno se oyó muy cercano y las aguas, normalmente mansas, crecieron furiosamente, saliendo de madre, arrastrando y destrozando cuanto encontraban a su paso. Se había producido una de las temibles crecientes del río Anisacate, tan desbastadoras y crueles como siempre. Pero aquella ocasión al sepultar en sus torrentosas aguas a parte de la terrible soldadesca, e impedirles el paso a los restantes, había salvado milagrosamente la vida de quien, jugándosela, detuviera su huida para rescatar de un presunta sacrilegio, la integridad de la sagrada imagen. Al igual que cuando Moisés cruzó el mar Rojo, al frente del pueblo elegido.”

Del libro “Viejas Estampas de Alta Gracia”
JORGE ZEMBORAIN

DOS

Si de leyendas y postales, el Anisacate nos ofrece un puente para cruzar las aguas del tiempo, busquemos entre sus riberas un presente continuo de cortaderas y piedras pulidas, de sauzales y morteros comechingones:



Un encuentro suspendido entre el pasado y el futuro…