En los últimos meses, Mr Manfred Mullog supo sacarle provecho a la desesperación colectiva, adquiriendo a precios mezquinos los recuerdos familiares que debían pasar de una generación a otra. Cruzado de brazos y de espaldas a la puerta del salón, inventariaba con la mirada los trastos y tesoros condenados al patíbulo económico montado por los históricos saqueadores de la democracia.
Su oportunismo se fundaba en un oscuro sentido de la supervivencia pero como en el fondo de los bolsillos era un hombre sensible, Mr Manfred Mullog ocultaba entre roperos carcomidos y sillones apolillados, el esplendor empavonado de alguna que otra maravilla reservada para su deleite. Violeteros de Lalique, terracotas de Dubois y hasta un álbum de fotografías que él mismo había tomado en diferentes saltos temporales:
Aquellos negativos editados como postales que nunca llegaron a destino, se convirtieron en los únicos registros de algún trato afectivo hacia otros seres humanos:
Sr. Juan Gioia
Victoria 2850
Buenos Aires
Contemplá un poco la nevadita.
Recibí un abrazo y un apretón de manos de
Francisco
Alguna vez… Manfred se hizo llamar Francisco y tuvo un amigo en Buenos Aires a quien traicionó con el olvido para solo rodearse de clientes que lo odiaban por su codicia desmesurada.
Su contemplación quedó interrumpida al escuchar que un visitante intentaba ingresar al negocio, dio media vuelta hacia la entrada y del otro lado de los vidrios empañados por la niebla matinal, un rostro familiar se quedó mirándolo sin que lo reconociera. Giró la llave y permitió que pasara.
El hombre saludó y preguntó si tenía discos antiguos a la venta. Mr Manfred Mullog lo condujo hacia una batea y le explicó que estaban ordenados por décadas.
- Mis precios… son los más convenientes en el mercado de los artículos usados.
- Eso espero ¿Tiene algún long play de Richard Clayderman?
Mr Manfred Mullog esbozó una sonrisa.
- Posiblemente pueda ofrecerle todos los que quiera.
Entre las nubes y la nieve, el casco metálico del observatorio de Bosque Alegre, me acercaba a los héroes de las series japonesas; imaginaba que Ultraman, se escondía en las sierras aguardando alguna gigantesca iguana que nos pusiera en peligro...
..
.
Sra
Catalina B de Gioia
Victoria 2150
Buenos Aires
Reciba un afectuoso
abrazo de su hijo
Francisco
Es imposible que en 1938 alguien recordara lo que la ciencia ficción todavía no había creado, pues aún faltaban una guerra y la destructiva eficiencia de su hongo luminoso que justificara criaturas mutantes. Pero aquí, ya estaba apostado nuestro cíclope plateado, vigilando la fantasmal presencia de muchos soles, descorriendo el vaporoso telón de la ignorancia.
Cansada de esperarlo bajo la araña de caireles biselados, recorrió con su mirada las últimas fichas ordenadas sobre el paño verde. El croupier hizo girar la ruleta, y la suerte quedó suspendida al borde de los números de la séptima mesa. No quiso aguardar el resultado, atravesó la sala atestada de jugadores y llegó a las puertas de vidrio repartido del foyer. Lejos de los radiadores notó el inmediato cambio de temperatura, mientras afuera el invierno desmenuzaba el cielo nocturno en minúsculas estrellas que se iban acumulando sobre el césped. Llevó una mano enguantada hacia el suntuoso cuello de zorro plateado de su sacón y sintió un escalofrío que la hizo retroceder al ver más allá de la terraza del casino, una figura pendiendo de una farola del parque…
.
1920
Tosió y abandonó los edredones de pluma de ganso, se calzó las pantuflas y corrió sobre el entablonado de pinotea hasta los visillos bordados de la ventana. Las espléndidas escalinatas del ingreso se encontraban alfombradas por una espuma iridiscente, debía ser muy temprano porque nadie había dejado sus huellas y desde los recovecos del petit hotel, los sonidos del sueño continuaban ignorando la novedad helada. Sus padres dormían y las criadas aún no habían despertado los tiznes del fogón de hierro. Abrió la pesada puerta de roble del vestíbulo y se quedó absorto contemplando un paisaje que solo había podido disfrutar en las estampas de sus cuentos. Una ráfaga le abofeteó el rostro mientras descendía por los peldaños hasta la vereda, pero la tos lo paralizó antes de llegar a los látigos metálicos del portón…
1938
El frío alentó la recolección de leña para una fogata y bajo el cielo encapotado, un círculo de jóvenes exploradores se fue internando en las sombras nocturnas con historias y anécdotas mortuorias. Alguien enumeró turistas extraviados en los montes de espinas que fueron encontrados vagando con las cuencas vacías y el alma robada, otro recordó al prometido que nunca llegó a tiempo a su cita, porque se ahorcó al empeñar sus alianzas en el casino. Un tercero repitió la penosa leyenda del niño que por salir a disfrutar de la nieve que nunca había visto, tropezó en las escalinatas del jardín, quebrándose el cuello. Un silencio triste se apoderó de todos, de pronto el miedo había exorcizado al invierno. Varios señalaron las chispas ascendentes de la hoguera y la misteriosa respuesta que descendía del cielo como si miles de panaderos hubieran sido liberados desde las alturas. Había comenzado a nevar.
Siempre estuvimos lejos de los pesados acolchados de una nevada andina pero algunos inviernos, finalmente se atrevieron a darle sentido a las mansardas y techos de chapa inclinados que como toboganes esperaban el manjar blanco del frío…
.
-¡A levantarse niños! ¡El jardín parece un gigantesco lemon pie con muchísimo merengue!
Todavía la mansión de las escalinatas ofrece su cucurucho de tejas esmaltadas al sabor imprevisible de la nieve serrana….
(Todavía la torre sigue sin albergar ninguna Rapunzel).
.
- ¡Chicos a levantarse! ¡El jardín parece una torta de chocolate con muchísimo coco rallado!.
BIBLIOGRAFÍA Marcelo Peyret; 1946: Alta Gracia. Editorial Tor.
Juan F. Cafferata; 1949: De la Córdoba de Ayer. Imprenta de la Universidad Córdoba (R.A.).
Rizzuto, Miguel Alfredo; 1954: Historia y Evocación de Alta Gracia. Compañy, Francisco; 1965: Breve Historia de la Parroquia de Alta Gracia. Centro de Estudios Históricos de Alta Gracia; 1981: Síntesis Histórica de Alta Gracia. Ernesto Guevara Lynch; 1986: Mi hijo el Che. Sudamericana-Planeta.
Varios Autores; 1991: Documentos para una Historia de la Arquitectura Argentina. Ediciones Summa.
Larrauri, Elsa T.; Trecco, Adriana; Amarilla, Laura; Santiá, Silvia; García Vieyra, Jaime; 1992: Alta Gracia. Evolución Histórica y Desarrollo Urbano-Arquitectónico.
Jorge Zemborain; 1992: Viejas Estampas de Alta Gracia. Schávelzon, Daniel; Anuario de la Universidad Internacional Sek, N5/1999, pp 47-59 Sección: Ciencias del Patrimonio Cultural: Arqueología Histórica en el Convento Jesuítico de Alta Gracia, Argentina. Un ensayo sobre su cerámica. Delfina Gálvez; 2004: Nosotros Tres. Ediciones Pasco. Augusto L. Piccon - Francisco J. Caligiuri; 2006: Sierras Hotel - Alta Gracia. Edición de Autor.